Tu CV no debería ser un listado aburrido de tareas pasadas. Es, ni más ni menos, la primera impresión que una empresa se lleva de vos —y en procesos de selección competitivos, esa primera impresión define si llegás o no a la entrevista.
La diferencia entre un currículum que pasa desapercibido y uno que abre puertas no está en el diseño ni en la extensión: está en cómo contás lo que hiciste. En lugar de enumerar responsabilidades genéricas (“encargado de ventas”, “responsable de administración”), destacá logros concretos: cuánto creciste una cartera de clientes, qué proceso optimizaste, qué proyecto lideraste y qué resultado tuvo. Los números y los resultados hablan más fuerte que los adjetivos.
Otro error frecuente es enviar el mismo CV a todas las búsquedas. Adaptarlo a la posición a la que aspirás —resaltando la experiencia más relevante para ese rol específico— demuestra que entendiste el puesto y que tu candidatura no es al azar. No hace falta reinventar el documento cada vez: alcanza con reordenar prioridades y ajustar el resumen inicial.
Por último, dejá que tu CV refleje quién sos realmente. La autenticidad se nota, incluso en un documento de una página. Un perfil profesional bien armado no es el que más impresiona en el papel, sino el que mejor representa tu trayectoria y tu potencial.